Un sobresaltado despertar
para ver su espalda desnuda dirigirse
al balcon sin muros de la
vida.
Cómplices su cuerpo y mis
placeres,
mis ojos asombrados están presos
del encanto que transita entre
una noche de amor
y los escalofríos del
alba.
Con las pupilas dilatadas
por el ensueño,
la lengua se relame los restos que el placer deja en los labios,
aliada la luz para desperezar
la mirada,
al pasar de la penumbra a
sus encantos.
Su cuerpo en el umbral de
la terraza.
Mi mente, prolongando las
caricias asociadas de la luna,
con el ritmo que marcan unos dedos
conscientemente enamorados.
Desaparece su cuerpo para mostrar la silueta en contraluz
alargando su sombra sobre
el suelo.
Desdoblada su imagen
para agrandar el eden que
descubren sus encantos
Con mi cuerpo abandonado
a los sentidos,
su cuerpo sube a la barandilla
que separa gloria y cielo,
fortuna y tierra.
Están mis ojos ya despiertos y,
uno a uno mis sentidos,
perciben asustados
el miedo de su ausencia














