
Sentir su querer como yo lo descubro.
Acercar mi cabeza hasta su pecho
para escuchar los latidos que seducen,
sintiendo la caricia, arrullado como en sueños.

Disfrutar de las sorpresas como un niño.
Encontrar que la vida no es el recuerdo, sino el momento
en que de forma inesperada sobreviva la utopía,
para descongelar el corazón que habita helado.

Sentir el calor de los dedos acariciando
los rincones preferidos de mi cuerpo,
con el goce que los míos aprecian explorando
entre pecas y lunares, los poros de una piel que añoro.









