
Sentir su querer como yo lo descubro.
Acercar mi cabeza hasta su pecho
para escuchar los latidos que seducen,
sintiendo la caricia, arrullado como en sueños.

Disfrutar de las sorpresas como un niño.
Encontrar que la vida no es el recuerdo, sino el momento
en que de forma inesperada sobreviva la utopía,
para descongelar el corazón que habita helado.

Sentir el calor de los dedos acariciando
los rincones preferidos de mi cuerpo,
con el goce que los míos aprecian explorando
entre pecas y lunares, los poros de una piel que añoro.


hay una mezcla muy grande de sentimientos encontrados:
ResponderSuprimirsueño con la piel que añoro
habita en mí un corazón helado pronto a derretirse
si me tocas
con las yemas de tus dedos
conocidos y deseados.
tu poema me provocó estos versos.
biquiños,
p.d.: me gusta ver a Roma... ¿y de las fotos, qué decir? son muy hermosas, sobre todo ese corazón, que, aunque helado, sigue siendo un corazón.
Sobre todo el corazon es precioso.
ResponderSuprimirPrecioso poema tambien.
Besos
Precioso el poema lleno de amor y el corazón que aunque helado no deja de latir y sentir...
ResponderSuprimirBesos,
Carpe diem, que la espera nos quita ese presente al que debemos aferrarnos con fuerza, ya que es lo único que tenemos.
ResponderSuprimirUna preciosidad tu entrada, donde se combinan palabras e imágenes de forma muy hermosa.
Un abrazo.
tenemos el mismo gusto, Pinto, porque yo también me enamoré de estos dos versos que tú señalaste, sólo por ellos ya merece la pena el libro, de verdad; aunque tiene unos poemas buenísimos, cuanto más lo leo más me llegan:
ResponderSuprimir"Fui tan feliz aquella primavera
que casi se extinguieron las perdices."
biquiños,