lunes, 27 de febrero de 2012

Descongelar el corazón que habita helado


Sentir su querer como yo lo descubro.
Acercar mi cabeza hasta su pecho
para escuchar los latidos que seducen,
sintiendo la caricia, arrullado como en sueños.




Disfrutar de las sorpresas como un niño.
Encontrar que la vida no es el recuerdo, sino el momento
en que de forma inesperada sobreviva la utopía,
para descongelar el corazón que habita helado.




Sentir el calor de los dedos acariciando
los rincones preferidos de mi cuerpo,
con el goce que los míos aprecian explorando
entre pecas y lunares, los poros de una piel que añoro.




Hoy como ayer, todo puede suceder sí
al cerrar los ojos para requebrar soñando,
se dedica un piropo que irradie fantasía,
como un espectro de fuegos de artificio.




Se trata del encanto de la sorpresa inesperada.
Lo cruel está en la ausencia persistente,
el silencio que atruena vacío,
la espera que despedaza.

jueves, 23 de febrero de 2012

Farsantes y secuaces


Está prohibido decir en la calle lo que se piensa.
Inolvidables vestigios de un pasado que tocara vivir,
de la mano de quienes deleitan,
creyendo que tienen que estar por encima de los otros.

Asoma el candor de niños de instituto para sentir los porrazos
que la vida les manifiesta por la calle.
Cuerpos mimados, ahora “enemigos”
de fornidos salteadores de inquietudes.

Engendros virulentos capaces de confundir
travesías con fraguas e hierro con personas.
Piltrafas de sus mandos, pobres cuerpos indolentes,
tristes fantasmas sin sonrisa,

carne anodina, sin nombre,
números simplones, sin apodo.
Reverso de los protagonistas que les mandan.

Esos farsantes que se muestran en carteles
con eslogan de futuro pero idolatran el pasado


sábado, 4 de febrero de 2012

Sorpresa


Ligero de esperanzas e ilusiones,
al abrigo de gorros y bufandas frente
a ese amanecer rojizo que destella al otro lado,
donde despierta el gorrión cada día, al este de Madrid.

Hielo en el suelo, la tierra dura,
esplendentes los charcos,
despabila el cuerpo con el aire y,
Roma mira y pregunta:
¿”que coño hacemos por este paseo de arena, si, resueltas las necesidades, prefiero reposar sobre mi almohada”?.

Está claro que no es bueno el amanecer
de los primeros dias de febrero para trazar itinerarios.
Aprieta exagerado el frio y,
a pesar de la llegada de cigueñas
para alegrar campanarios,
cielos e ilusiones,

resultan más placenteros,
el abrigo al resplandor de la candela
y, el deseo de ir tirando,
para poderlo contar
mientras se comparte un cuenco de vida.